Las ilustraciones protagonizaron los anuncios de productos para compradores con escasos recursos, mientras que el fin de la ley seca aceleró la venta de bebidas alcohólicas. A pesar de la Gran Depresión, el comercio se impuso, reforzado por unos anuncios llenos de imágenes y textos inteligentes. En el horizonte, el fantasma de la guerra nubló el idealismo emergente, pero los anuncios optimistas abundaron en esta década.